NICOLAS COPERNICO
Cápsula 137 del 26 de Febrero de 2005
Investigación y Guión: Conti González Báez
Nicolás Copernicus o Copérnico es la versión latina del nombre del famoso astrónomo, el cual escogió más adelante en su vida y con el que se le conoce en la historia de la ciencia. Su verdadero nombre era Mikolaj Kopernik or Nicolaus Koppernigk.
Nació el 19 de febrero de 1473 en Thorn, pequeño puerto en el río Vístula, cerca del Mar Báltico, entonces una provincia de Polonia, antes de Prusia. Su nacionalidad, según algunos estudiosos, no era polaca sino alemana.
Originario de Cracovia, su padre era un rico mercader de cobre que había puesto su negocio en Thorn, donde llegó a ser concejal y tutor de viudas; era una práctica utilizada en la Edad Media poner tutores a las viudas, como a los huérfanos.
Se casó con Barbara Watzenrode, hija de un próspero comerciante perteneciente a la burguesía local. La pareja tuvo dos hijos y dos hijas, siendo Nicolás el más joven.
Thorn era un típico pueblito medieval, con fortificaciones tras las cuales vivían las familias acomodadas como los Copérnico, que tenían una casa en la calle de Santa Ana, llena de utensilios de plata y oro para recibir las visitas de amigos, así como una residencia de verano con viñedos en las afueras del pueblo, donde Nicolás se refugiaba para leer y disfrutar del aire que llegaba del río.
Cuando el pequeño Nicolás tenía 10 años de edad, murió su padre y su tío, Lucas Watzenrode, quien era canónigo de la Catedral de Frauenburg, asumió la responsabilidad de educar a sus sobrinos.
Nicolás y su hermano Andreas permanecieron en Thorn, continuando su educación en la escuela municipal, adyacente a la Catedral de San Juan. Posteriormente, Nicolás estudió en la escuela de los Hermanos de la Vida en Común en Chelmo y a los 15 años fue enviado por su tío a la escuela de la Catedral de Wloclawek, donde recibió una buena educación humanista.
Las victorias de los marinos y mercaderes que pasaban por el puerto de Thorn cuando llegaban de Asia, Italia, Rusia y otros lugares lejanos estimularon la imaginación del joven, que estaba al tanto de los últimos descubrimientos.
En 1492, Cristóbal Colón descubrió América, abriendo un nuevo mundo geográfico, un hecho maravilloso que cambió su forma de pensar.
Ese mismo año, Copérnico se matriculó en la Universidad de Cracovia, uno de los centros más distinguidos de cultura de la época, para estudiar Artes Liberales, programa básico para su formación.
Lucas Watzenrode había sido nombrado Obispo de Ermland y había planeado una carrera eclesiástica para sus dos sobrinos. Pese a ser mayor, Andreas entró a la universidad al mismo tiempo que Nicolás.
Éste quedó bajo la tutela de Alberto Brudzewski, notable matemático y astrónomo, que cultivó su profundo interés en esas materias, aunque también estudió Latín, Geografía y Filosofía.
Los cursos de Astronomía que tomó Copérnico no eran materias científicas en un sentido moderno. Más bien eran cursos de Matemáticas que introducían los puntos de vista sobre el universo de Aristóteles y Ptolomeo, para que los estudiantes pudieran entender el calendario, calcular las fechas de los Días Santos y tener habilidades que les permitieran, a aquellos que siguieran una profesión más práctica, navegar en el mar. También se les daba Astrología, enseñándoles a calcular los horóscopos de la gente a partir del momento exacto de su nacimiento.
Mientras estudiaba en Cracovia, Copérnico empezó a usar esta versión latina de su nombre, en vez de Kopernik o Koppernigk. Regresó a Thorn después de cuatro años de estudios, pero sin graduarse formalmente con un título.
Su tío Lucas Watzenrode aún estaba determinado a que Nicolás hiciera una carrera en la Iglesia , lo que le daría seguridad a alguien que quería continuar aprendiendo.
La estancia en la Universidad de Cracovia le había abierto las puertas de la cultura y le preguntó a su tío si podía continuar sus estudios en Italia. Prudentemente, éste consintió e hizo los arreglos necesarios para que asistiera a la célebre Escuela de Juristas de la Universidad de Bolonia. A los 23 años viajó a Italia, cuna del Renacimiento, para iniciar tres años de estudios.
Además de estudiar Derecho Canónico, Copérnico amplió sus conocimientos de Matemáticas y Astronomía. También aprendió Griego, a fin de leer los textos originales de los astrónomos griegos, así como sus traducciones de los antiguos matemáticos árabes. De conformidad con el concepto renacentista de la educación universal, desarrolló también sus aptitudes como pintor y poeta.
Rentaba un cuarto en la casa del Profesor de Astronomía Domenico Maria de Novara y empezó a asistirlo en sus observaciones. El 9 de marzo de 1497 observó un ocultamiento de la estrella de primera magnitud Aldebarán, en la constelación de Tauro, por la Luna.
Esa observación demostró que el paralaje de la Luna y su distancia de la Tierra durante los cuartos no cambiaba con relación a la fase llena, contrariamente a lo previsto en el modelo de Tolomeo. Era un paso muy importante en la vida científica de Copérnico: probaba que era posible poner en duda las afirmaciones de reconocidas autoridades, apoyándose en los resultados de observaciones realizadas racional y premeditadamente.
Ese mismo año, recibió la notificación oficial de haber sido nombrado canónigo en la Catedral de Frauenburg, gracias a la recomendación de su tío el obispo. Esto le proporcionaba un cómodo ingreso que recibiría sin tener que regresar para cumplir con ningún deber mientras seguía estudiando. Los canónigos, si bien debían sentar su residencia en la ciudad, podían tomarse licencias justificadas de dos o tres años con opción a renovación.
Bolonia era uno de los centros académicos más importantes de Europa. La mitad de los ingresos del Estado se gastaba en la Universidad, aunque las fiestas en la Porta di San Manola con las hijas de los burgueses, los fuegos artificiales en la Piazza de San Domenico, la música, el vino y los duelos por cualquier cosa eran más frecuentes que el estudio. Los estudiantes de familias nobles se establecían en casas de sus profesores con un tutor personal, sus criados, sus perros, montañas de pertenencias que llegaban en caravanas y mujeres que entraban y salían con más asiduidad que ellos mismos hacia la Universidad.
Entre todas estas licencias, Nicolás Copérnico era un estudiante aplicado y estudioso, tímido y algo introspectivo, pero tampoco un santo. Con motivo de las celebraciones del Gran Jubileo Cristiano, visitó Roma, donde permaneció un año dando conferencias de Matemáticas y Astronomía a estudiantes. Estando allí observó el eclipse de Luna del 6 de noviembre de 1500.
Aunque enseñaba la tradicional astronomía de Ptolomeo, su lectura de los textos originales de Pitágoras y otros filósofos antiguos, así como su educación pragmática, lo hicieron dudar de la exactitud de la teoría ptolemaica sobre la estructura geocéntrica del Universo, que fue aceptada durante mil quinientos años.
Se preguntaba: Si el Sol gira alrededor de la Tierra en la órbita fija de un círculo perfecto, ¿cómo explicar el cambio de las estaciones? ¿Cómo es que algunas estrellas y planetas varían de posición de un año a otro?. Naturalmente, los sabios de la época explicaban dichas variaciones llamándolas aberraciones, migraciones caprichosas o movimientos místicos de las almas interiores de los planetas.
Para la mente aguda e inquisitiva del joven Copérnico, estas respuestas eran una farsa; por lo que decidió buscar las soluciones que lo dejaran satisfecho en la calma de su patria. Al año siguiente renunció a su profesorado y regresó a Frauenburg, donde fue instalado oficialmente como canónigo del Cabildo de Ermland.
Siendo inquieto y como no había completado su grado en Derecho Canónigo, pidió a su tío que se le permitiera volver a Italia para terminarlo y estudiar Medicina, a fin de prestar una ayuda más directa a sus compatriotas. Prefirió no comentar que otra razón para regresar a Italia era continuar con sus estudios de Astronomía.
El Cabildo de la Catedral le dio los fondos necesarios para continuar estudiando y Copérnico partió a Padua, famosa por su Escuela de Medicina. Mientras estuvo allí, pudo seguir estudiando Astronomía, ya que esta ciencia incluía a la Astrología, considerada relevante para los médicos de ese tiempo.
A los 30 años decidió obtener su Doctorado en Derecho Canónico, pero no lo hizo en Bolonia, sino que en la Universidad de Ferrara. Después regresó a Padua a continuar sus estudios de Medicina, donde no existe ningún registro de que se haya graduado.
A partir de entonces, pasó varios años como médico y asistente de su tío, el Obispo Watzelrode, ganando la estima y el afecto de todos aquellos con quienes tuvo relación. Se dio a conocer en todas partes como médico hábil y por ofrecer sus conocimientos para curar a los menesterosos.
Los pobres lo adoraban por curarlos gratuitamente, tomándose más atenciones en ellos que la mayoría de los médicos que sólo se les acercaban por obligación. Entre los ricos era famoso y a menudo tenía que preparar sus caballos para largos viajes a donde fuera requerido por un influyente enfermo que sólo confiaba en su juicio.
Sus estudios de Derecho le permitían ser justo y equitativo en la administración de las tierras de la Iglesia. Cuando los vecinos necesitaban ayuda para hacer menos rigurosa la sequía construyendo una presa o para almacenar los alimentos en previsión del hambre, buscaban su consejo, que les daba sabiamente.
Entre tantas ocupaciones, Nicolás Copérnico tuvo tiempo de publicar la traducción latina de un antiguo libro de poesía, dedicado a su tío. Un amigo suyo escribió el prólogo, en el que comenta cómo, además de trabajar con su tío, el autor lleva a cabo observaciones astronómicas de estrellas, Luna y Sol, sobre las que medita y trabaja.
El Obsipo Lucas Watzenrode murió en 1512 y su sobrino Nicolás Copérnico, de 39 años, retomó sus deberes como canónigo del Capítulo de Ermland en Frauenburg. Aunque se consagró al bienestar de su diócesis y de sus compatriotas, no olvidó su deseo de resolver el enigma de la estructura del Universo. Tenía más tiempo que antes para dedicarse a sus estudios astronómicos, con un observatorio en las habitaciones que ocupaba en una de las fortificaciones del pueblo.
Pasaba las noches en la torre de su casa, en lo alto de la montaña, observando las estrellas y los planetas, haciendo anotaciones sobre su posición y leyendo todos los manuscritos que tenía de los antiguos astrónomos. Su investigación era especialmente difícil, debido a que aún no se inventaba el telescopio y en esa región, durante gran parte del año, el clima oscurecía la visibilidad del cielo.
El progreso era lento. Estudió los eclipses que ocurrieron en 1509 y 1511. Usando fórmulas matemáticas y su teoría del movimiento de los planetas, predijo las posiciones de Marte, Saturno, Júpiter y Venus. Luego, explorando ansiosamente el cielo durante varios años para ver si sus cálculos eran correctos, descubrió con gran alegría que lo eran.
Por fin tenía pruebas para demostrar que la teoría ptolemaica, con su falsa explicación de las variaciones y sus telarañas de confusión e incoherencias que hacían de la astronomía una ciencia equivocada, era falsa.
Lo hizo en un manuscrito titulado “Breve Exposición de las Hipótesis Acerca de los Movimientos Celestes”, conocido mundialmente con el nombre de “Commentariolus”. Copérnico no lo firmó ni le puso fecha, pero se cree que fue en el año 1514. Nunca se imprimió, sino que circuló entre los estudiosos de la Astronomía en unas pocas copias manuscritas, de las que se conservan sólo tres.
El “Commentariolus” es un pequeño tratado donde se expone por primera vez la Teoría Heliocéntrica, es decir, el sistema astronómico en el cual la Tierra orbita en torno al Sol. Está desprovisto de demostraciones matemáticas, destinadas a un tratado más extenso.
Las observaciones y especulaciones de Copérnico sobre la teoría del movimiento aparente del Sol coincidieron con la reanudación de la discusión acerca de la reforma del calendario. El error que afectaba al calendario juliano, debido a una inexacta apreciación de la duración del año, llegó en el siglo XVI a diez días. De su corrección se ocupó, en el Concilio de Letrán. Fueron varios los sabios e instituciones que enviaron su parecer sobre la necesidad y la manera de llevar a cabo la reforma.
A solicitud del Papa, Copérnico aconsejó algunas reformas prácticas para hacerlo más preciso, siendo el primero en descubrir la duración exacta del año. Autoridades posteriores encontraron que sus cálculos tenían un error de sólo veintiocho segundos.
Cuando los soberanos de Polonia, en una época de crisis económica, pidieron a Copérnico que reformara el sistema monetario, abogó por la acuñación central de moneda para todo el país y devolvió la confianza en el dinero polaco, prohibiendo la acuñación de monedas sin el debido respaldo de la plata o el oro.
Por un tiempo, sirvió como gobernador del castillo de Allenstein y lo defendió victoriosamente contra el asedio de los caballeros teutones.
Hacia 1520, a los 47 años, comenzó a escribir la obra cumbre de su vida, una amplia exposición de la Astronomía Heliocéntrica, continuando con sus observaciones, en las cuales empleaba instrumentos tradicionales de la época: el cuadrante, el astrolabio y el instrumento paraláctico. Un invento de Copérnico fue la tabla solar, que se ha conservado parcialmente hasta hoy.
Prácticamente todos los especialistas piensan que alrededor del año 1530 ya estaba concluido el manuscrito de su obra cumbre, “De Revolutionibus”, pero él no tenía intenciones de darlo a imprimir, ya que temía las críticas incompetentes.
Sin embargo, no pudo evitar que las noticias de su existencia y de lo que pensaba acerca de los movimientos y ordenación de los cielos se extendieran por toda Europa. Los ecos de la figura solitaria de Frauenburg llegaron finalmente a la corte papal y en 1536 Copérnico recibió una carta del cardenal Nicolás Schömberg, curioso por conocer sus descubrimientos.
La salida a la situación llegó con la aparición de un joven astrónomo y matemático que se convertiría en el único discípulo en vida de Copérnico y a quien éste consideró como un analizador y corrector suficientemente preparado como para cotejar con él sus cálculos.
Rhetico, nombre latinizado que adoptó el austriaco Georg Joachim von Lauchen, gracias a la fortuna económica de sus padres, había tenido una educación amplia y exquisita que le había permitido estudiar en las universidades alemanas de prestigio: Gotinga, Nuremberg y Wittemberg.
Protegido de Melanchton, se le concedió a los 22 años una de las dos cátedras de Astronomía de la Universidad de Wittemberg, el centro universitario luterano por excelencia, a donde habían llegado las noticias de la obra de Copérnico.
El líder reformista Martín Lutero manifestó su desprecio por “un astrólogo que, contra lo que dicen las escrituras, propone establecer el movimiento de la Tierra y no del Sol” y lo acusó de ser un necio que quería volver completamente al revés el arte de la Astronomía.
A Rhetico no le preocupaba tanto la teoría astronómica contenida en la Biblia como la posibilidad de estudiar detenidamente, los cálculos del canónigo prusiano del que tanto se hablaba y solicitó permiso para desplazarse a conocer al autor y a su obra.
El joven matemático apareció por Frauenburg al final de la primavera de1539. Pronto percibió la importancia de la obra que el viejo astrónomo guardaba desde hacía años y durante los dos meses que duró su visita trató de convencerlo de la necesidad de darla a conocer. Ante la resistencia de Copérnico, acordaron que Rhetico escribiría un resumen y sería lo que, de momento, se publicaría.
Inmediatamente finalizó su trabajo, con el título de “Primera Narración de los Libros de Nicolás Copérnico sobre las Revoluciones”, con la forma de una carta dirigida a Juan Schöner, astrónomo en Nuremberg, perteneciente al círculo de humanistas que rodeaban a Melanchton.
Rhetico describe el contenido de los seis libros en los que se divide la obra de “su maestro”, hace apreciaciones sobre algunas particularidades geométricas del trabajo, lo defiende y explica, recogiendo mediciones y cálculos que permitían justificar matemáticamente la nueva hipótesis.
La “Narratio Prima” se publicó en Danzig en febrero de 1540 y se difundió intensamente entre los más reticentes, los luteranos. Su efecto debió ser notable, pues inmediatamente se solicitó permiso para otra edición, que se hizo en Basilea a los pocos meses.
Rhetico retornó a Frauenburg en el verano de 1540. Para entonces las solicitudes y la presión sobre Copérnico para que diera a conocer su trabajo se habían hecho intensas y provenían de todas partes. El ilusionado joven no tuvo que esperar mucho y quince meses después de su llegada llevaba consigo una copia en limpio del manuscrito copernicano, lista para ser impresa en Nuremberg.
A partir de ese momento se inició el proceso de publicación de la obra “De Revolutionibus” que incluyó uno de los episodios más discutidos en la historia de la ciencia. Se trata del hecho de que el libro apareciera publicado con un prólogo que no habían escrito Copérnico ni Rhetico, avisando al lector de que el contenido de la obra era hipotético y su finalidad simplemente la de facilitar los cálculos, sin que correspondiera necesariamente con la realidad.
Al impresor de Nuremberg le atemorizó tanto la naturaleza revolucionaria del texto, que encargó un prólogo afirmando que el libro no era un tratado científico, sino una "fantasía ociosa". Su autor, descubierto curiosamente por Kepler, fue Andreas Osiander, quien lo redactó de forma que no deja clara la autoría, con lo que podía ser interpretado como una advertencia del propio autor que alteraba la intención de la obra.
Si Copérnico leyó o no el texto de Osiander con anterioridad a ver la obra impresa es algo aún no resuelto. A finales de 1542, sufrió una hemorragia cerebral que lo incapacitó parcialmente y supuso un grave deterioro de su salud. Fue en esas condiciones, si lo hizo, como leyó el texto que subrepticiamente cambiaba el significado de la obra de su vida, lo que sin duda lo habría enfadado.
En marzo de 1543 apareció publicada la obra que había estado gestándose durante 40 años. Su título fue “De Revolutionibus Orbium Celestium”. La edición incluía la “Advertencia al Lector” redactada por Osiander, la carta que el cardenal Schömberg había escrito a Copérnico en 1536 y una dedicatoria del autor al Papa Paulo III, en la que dice algo sobre la génesis de su trabajo, buscando obtener la aprobación eclesiástica.
La obra consta de seis libros. El I es, fundamentalmente, la exposición cosmológica del Sistema Copernicano y en él, sin ningún tipo de aparato matemático, se justifican las proposiciones fundamentales. La influencia que tuvo lo convirtió en la obra que dio inicio al proceso que haría cambiar la perspectiva que el hombre tenía del mundo y de cómo acercarse a él.
Los Libros II al II constituyen la parte técnica de la obra. En ellos repasa las cuestiones de que se ocupaba la astronomía: movimientos del Sol y de la Luna, la precisión de los equinoccios y el movimiento de los planetas, dando soluciones a los mismos. Su contenido es de lectura prácticamente imposible para los no especialistas Astronomía y Matemáticas.
La teoría ponía al Sol en el centro del Universo; la Tierra y los otros planetas giraban alrededor de él y las estrellas lo rodeaban todo en el cielo infinito. Sabía que la Tierra gira también sobre su propio eje, lo cual daba el día y la noche. Dichos movimientos siguen las infalibles leyes matemáticas de la Naturaleza. Puede predecirse con fórmulas la posición de cada planeta en el cielo en cualquier momento dado, inclusive los eclipses.
Copérnico nunca pudo leer el libro impreso, que le fue puesto en las manos cuando estaba en su lecho de muerte, el 24 de mayo de 1543. Tenía 70 años.
Descubrió la verdad, pero el conseguir que el mundo la aceptara fue un proceso lento y peligroso, que se enfrentaba a antiguas creencias vinculadas con la superstición y el dogma religioso.
Nicolás Copérnico creó un modelo de investigación científica basada en la observación cuidadosa y paciente, en el análisis y la experimentación. Su obra fue el cimiento sobre el que Galileo, Brahe, Kepler, Newton, Einstein y otros construyeron la astronomía moderna.
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