ANTONI VAN LEEUWENHOEK

Cápsula 281 del 8 de Diciembre de 2007

Investigación y Guión: Conti González Báez



Antoni van Leeuwenhoek fue un científico poco común. Miembro de una familia de artesanos y mercaderes, no tenía fortuna y debía trabajar para subsistir; no recibió ninguna educación superior ni asistió a la universidad y no sabía ningún idioma, excepto su natal holandés. Esto habría sido suficiente para excluirlo por completo de la comunidad científica de su época.

Sin embargo, con habilidad, diligencia, una curiosidad sin límite y una mente abierta, libre de los dogmas científicos prevalentes en ese entonces, logró hacer algunos de los descubrimientos más importantes en la historia de la Biología.

Descubrió las bacterias, los parásitos microscópicos, las células sanguíneas, los espermatozoides y mucho más. Sus investigaciones fueron ampliamente difundidas y abrieron todo un mundo de vida microscópica para los científicos de su tiempo.

Antoni Phillips van Leeuwenhoek nació el 24 de octubre de 1632 en Delft, Holanda. Su familia pertenecía a la clase trabajadora; su padre confeccionaba canastas y su madre era hija de un cervecero.

Cuando Antoni tenía seis años, murió su padre. Su madre volvió a casarse, pero enviudó de nuevo 10 años más tarde. El pequeño fue enviado a la escuela de Warmond y luego vivió en una pequeña aldea, Benthuizen, con un tío que le enseñó los principios de Matemáticas y Física.

A los 16 años, su madre lo mandó a Ámsterdam como aprendiz de un tenedor de libros, pero fue contratado por un comerciante de telas, el escocés William Davidson. Antoni comenzó como lavador de paños y pronto aprendió el oficio.

Aunque nunca terminó sus estudios, su enorme curiosidad lo llevó a formarse por sí mismo, leyendo libros y artículos de Astronomía, Ciencias Naturales, Matemáticas y Química.

A los 22 años regresó a Delft, donde vivió el resto de su vida. Puso una tienda de telas, pero también trabajó como topógrafo, vinatero y empleado público de la ciudad. Poco después se casó con Barbara de Mey, hija de un mercader de seda inglés. La pareja tuvo cinco hijas.

Cuando tenía 33 años, Antoni enviudó y cinco años después contrajo matrimonio por segunda ocasión con Cornelia Swalmius, hija de un rico comerciante, con quien tuvo un hijo.

Aunque algunas veces se ha llamado a Leeuwenhoek "el inventor del microscopio", no lo es. Los microscopios compuestos, aquellos que usan más de un lente, habían sido inventados alrededor de 1595, casi 40 años antes de su nacimiento.

Varios de sus contemporáneos, en especial Robert Hooke en Inglaterra y Jan Swammerdam en Holanda, habían construido microscopios compuestos y estaban realizando importantes descubrimientos con ellos.

Pese a que eran muy parecidos a los microscopios de hoy en día, existían varias dificultades para construirlos, por lo que no eran prácticos para magnificar objetos más de 20 ó 30 veces su tamaño.

En el negocio textil se utilizaban lentes de aumento para contar la densidad de los hilos e inspeccionar la calidad de las telas. Antoni observó las micro texturas de la lana, el algodón y otros tejidos.

Su interés lo llevó a visitar tiendas de óptica y a aprender técnicas de soplado, tallado y pulido de vidrio, desarrollando nuevos métodos para fabricar pequeños lentes de gran curvatura, los mejores de su tiempo.

Se interesó por la Microscopía después de ver una copia del libro ilustrado “Micrographia” de Robert Hooke, que describía sus observaciones con el microscopio y era muy popular. Antoni decidió usar sus propias lentes para investigar el mundo natural, más allá de la calidad de las telas que vendía.

Leeuwenhoek construyó más de 500 instrumentos, de los cuales menos de 10 han sobrevivido hasta nuestros días. En su diseño básico, eran simples lentes de aumento, no microscopios compuestos.

Cada uno consistía en una lente biconvexa montada en un pequeño agujero de una lámina de latón del cuerpo del instrumento. La muestra era montada en el punto focal frente al lente, cuya posición y enfoque podían ajustarse girando dos tornillos.

El instrumento medía unos 10 centímetros de largo y debía sostenerse muy cerca del ojo, como los anteojos actuales; requería de buena iluminación y una gran paciencia al utilizarlo.

La habilidad de Leeuwenhoek para pulir lentes, junto con su aguda visión natural y su gran cuidado al ajustar la iluminación de su lugar de trabajo, le permitieron construir lentes que magnificaban los objetos hasta 200 veces, con imágenes mucho más claras y brillantes que las de cualquiera de sus colegas.

También lo distinguió su curiosidad para observar casi todo lo que podía colocar bajo sus lentes, así como su cuidado al describir lo que veía.

Aunque no podía dibujar bien, contrató a un ilustrador para preparar los dibujos de las cosas que observaba, los cuales acompañaban a lo que describía por escrito. La mayoría de sus descripciones son instantáneamente reconocibles.

Podía dedicar tiempo y dinero a sus observaciones gracias al apoyo de su esposa Cornelia y de su suegro, quien pensaba que tal vez podría sacar alguna ventaja de las habilidades de Antoni y sus descubrimientos microscópicos.

Hasta 1673, el mundo no sabía de la existencia de Antoni van Leeuwenhoek. En abril de ese año, el médico Reinier De Graaf, originario de Delft y miembro de la recién formada Real Sociedad de Londres, escribió una carta al secretario Henry Oldenburg para introducir a su compatriota, destacando la calidad de sus lentes.

A partir de entonces, Leeuwenhoek empezó a escribir cartas a la Real Sociedad, describiendo lo que había visto con sus microscopios; la primera contenía algunas observaciones sobre los aguijones de las abejas.

Sus misivas, escritas en holandés, eran traducidas al inglés o el latín, el idioma científico de la época, y publicadas en las Transacciones Filosóficas de la Real Sociedad; a menudo, eran reimpresas por separado.

Un día se le ocurrió observar agua de lluvia bajo el microscopio. Lo que vio lo dejó maravillado; había un mundo de seres vivientes minúsculos, invisibles hasta ese entonces para el hombre, a los que llamó “animalículos”, conocidos en la actualidad como protozoos.

Algunos miembros de la Real Sociedad no estaban convencidos de la veracidad de sus descubrimientos y la institución pidió a Leeuwenhoek enviar los planos de fabricación de su instrumento. Éste, dolido, sólo probó lo que decía adjuntando comentarios de las pocas personas que habían tenido el privilegio de usar sus microscopios.

La Real Sociedad envió al científico irlandés Thomas Molyneux a Delft para hacer un informe sobre los microscopios de Leeuwenhoek. El Dr. Molyneux quiso comprar uno, pero el dueño no aceptó.

Dado que fue el primero en poder disponer de lentes de tal calidad, Leeuwenhoek fue pionero en realizar toda una serie de descubrimientos a los que nadie más estaba en condiciones de acceder. No sólo destacó por sus hallazgos, sino por las conclusiones a las que llegaba tras sus observaciones.

Estudió tejidos animales y vegetales, minerales y fósiles. Descubrió las células sanguíneas y realizó la primera descripción precisa de los glóbulos rojos, descubriendo cómo circulaban por los capilares de la oreja de un conejo y la pata de una rana.

Observando muestras de saliva y sarro de los dientes de varias personas, incluyendo los propios, hizo las primeras descripciones de bacterias presentes en la boca.

Leeuwenhoek se enfrentó a la teoría de la generación espontánea, demostrando que los gorgojos y pulgas no surgían espontáneamente en los granos de trigo, sino que se desarrollaban a partir de huevos diminutos. Describió el ciclo vital de las hormigas, mostrando que las larvas y pupas proceden de huevos.

También fue el primero en ver espermatozoides vivos de animales y humanos. La lista de sus descubrimientos es realmente extensa y su publicación convirtió a Leeuwenhoek un personaje famoso.

Durante 50 años, Antoni van Leeuwenhoek escribió sus cartas a la Real Sociedad de Londres, que lo eligió como miembro en 1680, lo que le permitió unirse a Robert Hooke, Henry Oldenburg, Robert Boyle, Christopher Wren y otras luminarias científicas de su tiempo.

Leeuwenhoek se sintió complacido con tal honor, pero nunca encontró tiempo para visitar Londres y firmar su registro; tampoco asistió a ninguna junta.

En cambio, muchos personajes famosos viajaron a Delft para visitarlo y conocer sus lentes. Entre ellos, podemos mencionar a Christiaan Huygens, Boerhave, Heinsius, Descartes, Leibnitz, Spinoza, Christopher Wren, la Reina Ana de Gran Bretaña, el príncipe de Liechtenstein y Federico el Grande.

No todos sus visitantes lograban ver con claridad las muestras y muchos se quejaban de dolor de cabeza, pero todos se mostraban fascinados.

Leeuwenhoek demostró la circulación en los capilares de una anguila al Zar Pedro el Grande de Rusia, que lo invitó a navegar con él. En cambio, el emperador Carlos V no pudo visitarlo debido a una gran tormenta que le impidió llegar a Holanda.

El famoso pintor Johannes Vermeer era un buen amigo de Leeuwenhoek y se especula que éste fue el modelo para sus famosos cuadros “El Geógrafo” y “El Astrónomo”, aunque no ha sido comprobado.

Lo cierto es que ambos tenían una pasión por la óptica y las propiedades de la luz. Se dice que, por sugerencia de Antoni, Johannes usó una cámara oscura para algunos detalles en sus pinturas.

Aunque eran de la misma edad, Vermeer murió muy joven, a los 44 años. Leeuwenhoek fue fideicomisario de su herencia, escasa porque el artista estaba en bancarrota.

Antoni van Leeuwenhoek nunca publicó el método para pulir sus magníficas lentes ni su técnica para mejorar la calidad de sus preparaciones. Al mantener sus secretos, durante toda su vida fue el único investigador en el nuevo campo de la Microbiología.

Su entusiasmo por el estudio de la naturaleza nunca decayó y hasta la vejez continuó haciendo sus observaciones, escribiendo cartas a la Real Sociedad y recibiendo a visitantes, curiosos por ver las extrañas cosas que describía.

El Padre de la Microbiología murió en Delft el 26 de agosto de 1723, a los 90 años, 10 meses y 2 días. Se dice que incluso en su lecho de muerte dictó una carta para la Real Sociedad.

Su hija mayor Maria, de 67 años, fue la única que le sobrevivió de su familia. Ella encargó que se construyera un monumento conmemorativo en su tumba del Cementerio Oude Kerk en Delft.

Luego envió a la Real Sociedad una vitrina que su padre había preparado 22 años antes, conteniendo 26 de sus microscopios hechos de oro y plata.

El pastor de la Nueva Iglesia de Delft escribió lo siguiente a la Real Sociedad:

Antoni van Leeuwenhoek consideraba que lo que es verdad en la filosofía natural puede ser investigado fructíferamente por el método experimental, sostenido por la evidencia de los sentidos; por esta razón, con diligencia e incansable trabajo, hizo con sus propias manos unas lentes excelentes, con cuya ayuda descubrió muchos secretos de la Naturaleza, ahora famosos en todo el mundo filosófico.”

Hoy en día, la Real Academia de Artes y Ciencias de los Países Bajos entrega cada década la prestigiada Medalla Leeuwenhoek, a las contribuciones más destacadas en el estudio de la Microbiología.



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